Neuroeducación en el aula: De la teoría a la práctica — Escuela con cerebro

¿Cómo no sorprenderse al leer sobre la inmensa cantidad de neuronas, las miles de sinapsis, las decenas de regiones cerebrales y sus funciones? ¿Cómo no volver a nuestra infancia y quedar con los ojos abiertos al comprender que cada pensamiento, que cada mirada, que cada frase liberada al viento está relacionada con un tendido eléctrico […]

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Vinculación positiva

 

Cuando nos sentimos  amenazados dejamos  de confiar en los demás.

 

Hemos dicho en repetidas ocasiones en este blog que la plasticidad del cerebro tiene un enemigo que es aprender siempre. Aprender siempre y en todo momento  lleva consigo que también se aprenden los errores y actitudes que crean un patrón de pensamiento muy peligroso por la intolerancia que generan.

Hoy en día asistimos a un rebrote de racismo y esto es muy contradictorio puesto que la globalización  y la facilidad de tránsito entre países y continentes  debería  haber influido para lo contrario .

Ocurre que hay una alarma en el mundo por causas diversas, algunas universales  como el pánico a ser víctima del  terrorismo y otras singulares  como la inmigración masiva de hace unas décadas por la que hemos visto cómo nuestras perspectivas  de conseguir trabajo  bien remunerado disminuían. Nos sentimos amenazados en casa y fuera de ella por personas con las que jamás hemos tenido trato y con las que no nos identificamos y también  detestamos por sus acciones. Las redes sociales  contribuyen a compartir estos sentimientos y los fomenta según el provecho que quieran sacar.

Cuando nos sentimos  amenazados dejamos  de confiar en los demás  y  nos replegamos. Una neurohormona tiene la culpa de ello : la oxitocina.

La oxitocina está íntimamente ligada al sentimiento de confianza hacia otras personas y por tanto a la formación de vínculos. Esta hormona además influye en nuestros modales,  al estar relajados  y disfrutar de la relación con los otros somos amables y cariñosos. Es la hormona del amor y la bondad y además, puede regular las emociones.

La oxitocina anima al aprendizaje social puesto que aprender en grupo  tiene un refuerzo inmediato que sirve a su vez de gasolina para producir aún más esta hormona. En otras formas de aprendizaje y  desempeño laboral o social  más individualizado parece que se genera menos oxitocinas.

De estas investigaciones neurocientíficas  se han valido muy bien las empresas que han cambiado el discurso individualista de motivación a sus empleados por el mensaje  gregario y colectivo,   como  “bajar  en ventas es fallar a tus compañeros”.   Lo curioso es, que en cuanto el individuo  entiende que no puede vivir con esa presión social externa,  se activan las alertas internas,  generando  neurotransmisores como el cortisol que producen malestar  y recelos que se traducen en desconfianza. La desconfianza hace que nos  repleguemos y nos escudemos   haciendo más caso a los propios sentidos, emociones, intuición e  ideas establecidas. Recurrimos  a los patrones aprendidos  y  buscamos consejos de  aquellas personas  con las que hemos creado un vínculo emocional positivo que  nos han acompañado durante toda nuestra vida y en las que podemos confiar.

Procurar momentos en la infancia o adolescencia en los que convivir  en diversidad va a propiciar crear  vínculos de por vida  y si esos momentos están  embriagados de oxitocinas pueden crear marcadores emocionales de por vida. La tolerancia tiene que ver con esos lazos o vínculos creados a edades tempranas.

Este experimento de “la mano de plástico”  ayuda a entender que la manera mejor de aceptar  a otras personas es creando un vínculo emocional. Los vínculos emocionales son esos hilos invisibles que nos unen a las personas, que hacen que sintamos en un momento determinado las mismas sensaciones, las mismas emociones que los otros.

Y puede que si no tuvimos la oportunidad  de crear vínculos podamos aprender de mayor a ser más tolerantes y menos racistas descubriendo implicaciones educativas a este experimento que os compartimos en este video.

 

 

 

El secreto para educar niños inteligentes

< ….No digan a sus alumnos o hijos que son inteligentes.

Hacer énfasis en la inteligencia o el talento vuelve a la gente vulnerable al fracaso, al miedo de los desafíos y a no querer resolver sus problemas.

Los niños a los que se les ha dicho que son superdotados presentan una peligrosa creencia implícita de que la inteligencia es innata y fija, y que hacer esfuerzos por aprender es mucho menos importante que ser (o parecer) inteligente.

Una creencia de inteligencia fija también hace que la gente esté menos dispuesta a admitir el error y a confrontar y remediar sus deficiencias en la escuela, en el trabajo y en sus relaciones sociales.

Las personas que creen que las personas cambiamos y crecemos, piensan que afrontar los problemas suele llevar a una solución…>

Para leer sobre los reconocimientos adecuados para fomentar la persistencia y la voluntad  sigue este enlace del artículo de Carol Dweck :  El secreto para educar niños inteligentes  traducido de https://www.scientificamerican.com/article/the-secret-to-raising-smart-kids1/