Cuando Alma bajó del tejado azul

 

 

Como mimetizada con el color azul del tejado de la casita de plástico Alma pasaba los recreos.  Como una gata huidiza y solitaria se escondía del mundo en lo alto. La despeinaban las ramas espesas de los naranjos y limoneros que la protegían. Jugaba con las hojas y arrancaba alguna que otra vez la naranja más naranja y el limón más amarillo para dejarlos caer. Se deslizaba por el tejado cabeza abajo como si no tuviera huesos, se desparramaba por el azul para ver dónde había caído y suponía yo, comprobar si se habían reventado. Así pasaba los recreos un día sí y otro también de cuatro a cinco años.

Era un  Jueves de Diciembre de su segundo curso en la escuelita cuando uno de los compañeros creyó que la naranja había resbalado de sus manos y quiso devolverla a su dueña. Alma miró al niño cabeza abajo desde su atalaya, la cogió y me pareció que  sonrió. La volvió a tirar y el niño se la devolvió de nuevo, así fueron muchas veces hasta que el compi se cansó y pidió a otro niño que “jugara con Alma” que  cuando se cansó no quiso dejarla sola y llamó a una tercera niña  que también pidió relevo a una cuarta y así hasta que la naranja reventó en las manos de la séptima compañera.

 

 

Hoy  tiene 9 años, está en 2º de primaria en una escuelita de las que quedan ya pocas. En una misma clase hay tres cursos diferentes y niveles distintos dentro de los cursos por lo que están acostumbrados a ritmos diferentes tanto profesores como alumnos. Alma tiene la permanente tutela de su maestra sombra y sus medidas específicas para aprender lo que necesita. Se acostumbró al ruido, a los achuchones, a esquivar lo inesperado, a esperar su turno, a decir sus primeras palabras, a buscar contacto cuando le apetece y dejarse llevar aunque no lo desee a veces  y , en resumidas cuentas, Alma es feliz porque se le respeta y atiende como necesita.

Hoy volví a ver estas fotos y caí en la cuenta de que  hace mucho tiempo  que no  sube al tejado azul.

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La importancia de automatizar aprendizajes para ser eficientes

¿Ayuda automatizar aprendizajes?

Según el neurocientífico Joaquin Fuster existen distintos tipos de memoria, cuyas conexiones  se van debilitando con el tiempo. Pero es curioso que aquellas conexiones que se establecieron en un periodo concreto de nuestra niñez  ( de 6 a 10 años) no se debilitan tan fácilmente,  si lo hacen, apenas las refrescamos somos capaces de recuperarlas tal y como lo aprendimos.  Esa poesía, adivinanza, refrán o dicho, tablas de multiplicar, canción, técnica de deportes o instrumento musical, etc….

Siempre, desde mi opinión personal, hacer aprendizajes automáticos va a tener dos efectos importantísimos para que el cerebro rinda mejor. Por un lado, el aprendizaje automático libera a la memoria de trabajo de espacio y esfuerzo y, por otro, economiza el recurso limitado de la atención[1].

Dominar para ser eficiente

Mientras más aprendizajes automáticos tengamos más eficiente es nuestro cerebro.  ( Focus , D. Goleman) Al automatizar procesos estamos liberándole de esfuerzo  para hacer otras cosas. De que respiramos solo caemos en la cuenta cuando nos falta el aire. Ocurre con los profesores bilingües, si han automatizado la gramática y dispone de fluidez verbal, se pueden concentrar en responder a una pregunta en otro idioma. Si domino la técnica del tenis y no estoy contando los pasos, pensando en que me tengo que preparar para el golpe o calculando distancia, puedo predecir los movimientos del contrario ya desde que le devuelvo la bola y además crear una táctica. Con dominio del violín puedo expresar e inventar música dominando también el lenguaje musical. Manejando vocabulario, una gramática consecuente y recursos literarios suficientes, puedo elaborar ideas, crear y exponer pensamientos nuevos fluidamente.

Si los niños dominan el cálculo mental o  las tablas de multiplicar fluyen mejor en aquellas actividades que necesitan discurrir y razonar. Hay un periodo especialmente plástico en el que   son capaces de repetir miles de veces aquella actividad en la que quieren ser expertos. Llegan a  hacerse casi obsesivos y logran dominar una habilidad impensables para nosotros los adultos. Los 7- 8 años es un periodo sensible para aprender estos aprendizajes que requieren de repetición. No es de extrañar que sin saber de neurociencias, los maestros decidieran que es la mejor edad para aprender las tablas de multiplicar. Lo que tenemos que hacer los maestros es hacer que disfruten con este aprendizaje memorístico.

 

Simultanear tareas

La concentración dirigida a un foco nos secuestra la atención y la neurociencia nos evidencia que no atendemos a dos cosas a la vez sino que simultaneamos   el foco de atención  D. Goleman)., esto es saltamos de una a otra. La manera de  llevar a cabo varias  tareas fácilmente es que algunas de ellas las automaticemos.

Habla interior

Un recurso muy útil  cuando los aprendizajes automáticos pueden traicionarnos son las autoinstrucciones. Es un habla interior que nos secuencia la acción para mantener la atención (El Instinto del Lenguaje, Pinker).

 

Creatividad y potencial

Los niños se atascan en sus exposiciones porque no tienen recursos lingüísticos y se bloquean en la resolución de problemas porque derrochan tiempo en cálculos mentales fallidos, en encontrar esa palabra que se resiste o en  mantener la idea de una exposición  porque fluye la oratoria, que dibuje paisajes encantados  dominando el trazo o el color, etc…  para llegar al estado de flujo donde se crea e inventa  que es altamente gratificante.

Llenémosle de recursos y herramientas cerebrales si queremos que expresen su creatividad y démosle la oportunidad de encauzar bien ese potencial que sabemos que tiene. 

 

[1] Jesús Guillén https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2012/03/04/la-atencion-un-recurso-limitado/

 

 

 

 

 

 

 

Un instante Mágico

Neurodiversos

Autor: Neurodiversos

Hay un instante mágico en nuestras vidas que ocurre muy a menudo.

Si no somos conscientes pasa sin pena ni gloria.

El sueño le ayuda a manifestarse.

Si cuesta mucho puede afectar nuestro rictus y llega a obsesionarnos.

Cuando llega ese instante nos inunda una sonrisa plácida de enorme satisfacción y de emociones embriagadoras.

Cambia nuestra  respiración que puede hasta cortarse; la postura se yergue, brillan los ojos, a veces se erizan los pelillos de la nuca.

Tenemos la necesidad de contagiarlo y propagarlo a los cuatro vientos.

Si ese momento es compartido creas lazos de por vida con quien llegó contigo.

No nos acostumbramos jamás y es recurrente durante toda nuestra vida.

Ni cien años que cumplieres….

Es un momento indescriptible.

Nos llega a todos.

Es el instante en el que el medio penetra en las células modificando nuestro yo y el de quienes estarán en contacto con nosotros…

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